
Ernesto Ruffo: preso político y caja china del morenismo.
Por Joel Macías de Lara
La detención de Ernesto Ruffo no puede leerse en aislamiento. Así mismo me recuerda a lo sucedido en 1808 tras la detención de Francisco Primo de Verdad y Ramos a manos de la Santa Inquisición todo por decir que la Nueva España era ya independiente tras la invasión Napoleónica a España.
Para muchos jóvenes, Ruffo es apenas un nombre, pero en realidad representa un capítulo clave de la política mexicana: fue el primer gobernador opositor en 1989, enfrentándose a un sistema priista que utilizaba las mismas prácticas de distracción que hoy vemos repetirse. La llamada “caja china” —crear escándalos para ocultar otros— sigue viva, ahora bajo el sello guinda.El caso de los audios de la gobernadora de Baja California y otros escándalos se han diluido en la narrativa oficial.
Afortunado aquel político que porta la marca de Morena: la justicia selectiva lo protege. Ruffo, en cambio, se convierte en el blanco ideal para golpear a la oposición, moldeada a modo para ser derrotada de un manotazo.
¿Le interesa a México un verdadero cambio? O, más bien, ¿se someterá a las decisiones de un gobierno que gobierna con resentimiento, mentira y falsa humildad?
Los nombres de Godoy y Bejarano recuerdan que las ligas de corrupción siguen presentes. La memoria corta permite que quienes hoy dirigen el país se presenten como defensores de la militancia, borrando su pasado y abusando del poder.
Hoy México atraviesa una etapa peor que la de López Portillo: sin división de poderes, con un Ejecutivo que concentra todo.
La detención de Ruffo es menos un acto de justicia que una estrategia política. Es la caja china del gobierno morenista, que busca liberar del escándalo a los suyos y exhibir a un opositor como trofeo.
En 1997, el periodista Benjamín Flores González, fundador del diario La Prensa en San Luis Río Colorado, fue asesinado por denunciar a políticos y narcotraficantes. Ernesto Ruffo, entonces gobernador, no calló: denunció públicamente el crimen y exigió justicia, enfrentando a un sistema que prefería ocultar la verdad. Ese gesto lo convirtió en un blanco del crimen organizado, que desde entonces “le tenía una cuenta pendiente”. No se diga lo del artero crimen del “Gato Félix” en 1988 entonces director del semanario Zeta de Tijuana.
Recordar estos episodioses vital. Muchos jóvenes lo ignoran, pero muestra cómo la defensa de la libertad de expresión tuvo un costo altísimo. Hoy, la detención de Ruffo puede leerse también como parte de esa larga historia de cuentas pendientes entre el poder, el crimen y quienes se atreven a desafiarlo.
Los asesinato de Benjamín Flores y del Gato Félix no fue un hecho aislado. Desde entonces, México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Organismos como Reporteros Sin Fronteras y Artículo 19 han documentado cientos de asesinatos y desapariciones de periodistas en las últimas décadas, la mayoría vinculados a denuncias contra corrupción y crimen organizado.
Hoy, la violencia contra la prensa se combina con un control férreo de la narrativa oficial: las mañaneras se han convertido en un espacio donde se descalifica, se minimiza y se resta voz a quienes cuestionan al poder. La represión ya no se limita al silencio impuesto por las balas, sino también a la manipulación mediática que busca borrar la crítica.
La cuenta pendiente que hoy se cobra en la caja china del poder.”
Ernesto Ruffo no es solo un detenido: es el símbolo de cómo la justicia se usa como arma política en un país donde el poder se protege a sí mismo. Su historia, marcada por la denuncia del asesinato de un periodista y por la confrontación con el crimen organizado, se enlaza con el presente para recordarnos que las prácticas de represión y manipulación no han desaparecido, sino que se han perfeccionado.
Recordar a Flores y al gato Félix y a los periodistas silenciados es recordar que la verdad incomoda, y que la memoria no debe borrarse con discursos oficiales. México necesita justicia real, no cajas chinas.
Verónica Ruffo, su hija, exige un juicio justo, está voz nace desde la razón y no teme que sea silenciada, mi solidaridad con Verónica quien ha salido a dar la cara por el hombre a quien ella conoce perfectamente y en quien confía.
El Neto RUFFO es un preso político de Claudia Sheinbaun por intereses muy personales y de grupo de supervivencia. Decían ser democráticos y lo que quieren hacer es secuestrar a los mexicanos para sus intereses intestinos. Todos los morenos sin excepción que han opinado por indicaciones contra RUFFO lo hacen para cuidar el pellejo. Al final, el destino pondrá en su lugar a la Sheinbaun.
#Ruffopresipolitico
Ernesto Ruffo: preso político y caja china del morenismo.
Por Joel macias de Lara
La detención de Ernesto Ruffo no puede leerse en aislamiento. Así mismo me recuerda a lo sucedido en 1808 tras la detención de Francisco Primo de Verdad y Ramos a manos de la Santa Inquisición todo por decir que la Nueva España era ya independiente tras la invasión Napoleónica a España.
Para muchos jóvenes, Ruffo es apenas un nombre, pero en realidad representa un capítulo clave de la política mexicana: fue el primer gobernador opositor en 1989, enfrentándose a un sistema priista que utilizaba las mismas prácticas de distracción que hoy vemos repetirse. La llamada “caja china” —crear escándalos para ocultar otros— sigue viva, ahora bajo el sello guinda.El caso de los audios de la gobernadora de Baja California y otros escándalos se han diluido en la narrativa oficial.
Afortunado aquel político que porta la marca de Morena: la justicia selectiva lo protege. Ruffo, en cambio, se convierte en el blanco ideal para golpear a la oposición, moldeada a modo para ser derrotada de un manotazo.
¿Le interesa a México un verdadero cambio? O, más bien, ¿se someterá a las decisiones de un gobierno que gobierna con resentimiento, mentira y falsa humildad?
Los nombres de Godoy y Bejarano recuerdan que las ligas de corrupción siguen presentes. La memoria corta permite que quienes hoy dirigen el país se presenten como defensores de la militancia, borrando su pasado y abusando del poder.
Hoy México atraviesa una etapa peor que la de López Portillo: sin división de poderes, con un Ejecutivo que concentra todo.
La detención de Ruffo es menos un acto de justicia que una estrategia política. Es la caja china del gobierno morenista, que busca liberar del escándalo a los suyos y exhibir a un opositor como trofeo.
En 1997, el periodista Benjamín Flores González, fundador del diario La Prensa en San Luis Río Colorado, fue asesinado por denunciar a políticos y narcotraficantes. Ernesto Ruffo, entonces gobernador, no calló: denunció públicamente el crimen y exigió justicia, enfrentando a un sistema que prefería ocultar la verdad. Ese gesto lo convirtió en un blanco del crimen organizado, que desde entonces “le tenía una cuenta pendiente”. No se diga lo del artero crimen del “Gato Félix” en 1988 entonces director del semanario Zeta de Tijuana.
Recordar estos episodioses vital. Muchos jóvenes lo ignoran, pero muestra cómo la defensa de la libertad de expresión tuvo un costo altísimo. Hoy, la detención de Ruffo puede leerse también como parte de esa larga historia de cuentas pendientes entre el poder, el crimen y quienes se atreven a desafiarlo.
Los asesinato de Benjamín Flores y del Gato Félix no fue un hecho aislado. Desde entonces, México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Organismos como Reporteros Sin Fronteras y Artículo 19 han documentado cientos de asesinatos y desapariciones de periodistas en las últimas décadas, la mayoría vinculados a denuncias contra corrupción y crimen organizado.
Hoy, la violencia contra la prensa se combina con un control férreo de la narrativa oficial: las mañaneras se han convertido en un espacio donde se descalifica, se minimiza y se resta voz a quienes cuestionan al poder. La represión ya no se limita al silencio impuesto por las balas, sino también a la manipulación mediática que busca borrar la crítica.
La cuenta pendiente que hoy se cobra en la caja china del poder.”
Ernesto Ruffo no es solo un detenido: es el símbolo de cómo la justicia se usa como arma política en un país donde el poder se protege a sí mismo. Su historia, marcada por la denuncia del asesinato de un periodista y por la confrontación con el crimen organizado, se enlaza con el presente para recordarnos que las prácticas de represión y manipulación no han desaparecido, sino que se han perfeccionado.
Recordar a Flores y al gato Félix y a los periodistas silenciados es recordar que la verdad incomoda, y que la memoria no debe borrarse con discursos oficiales. México necesita justicia real, no cajas chinas.
Verónica Ruffo, su hija, exige un juicio justo, está voz nace desde la razón y no teme que sea silenciada, mi solidaridad con Verónica quien ha salido a dar la cara por el hombre a quien ella conoce perfectamente y en quien confía.
El Neto RUFFO es un preso político de Claudia Sheinbaun por intereses muy personales y de grupo de supervivencia. Decían ser democráticos y lo que quieren hacer es secuestrar a los mexicanos para sus intereses intestinos. Todos los morenos sin excepción que han opinado por indicaciones contra RUFFO lo hacen para cuidar el pellejo. Al final, el destino pondrá en su lugar a la Sheinbaun.
#Ruffopresipolitico
Ernesto Ruffo: preso político y caja china del morenismo.
Por Joel macias de Lara
La detención de Ernesto Ruffo no puede leerse en aislamiento. Así mismo me recuerda a lo sucedido en 1808 tras la detención de Francisco Primo de Verdad y Ramos a manos de la Santa Inquisición todo por decir que la Nueva España era ya independiente tras la invasión Napoleónica a España.
Para muchos jóvenes, Ruffo es apenas un nombre, pero en realidad representa un capítulo clave de la política mexicana: fue el primer gobernador opositor en 1989, enfrentándose a un sistema priista que utilizaba las mismas prácticas de distracción que hoy vemos repetirse. La llamada “caja china” —crear escándalos para ocultar otros— sigue viva, ahora bajo el sello guinda.El caso de los audios de la gobernadora de Baja California y otros escándalos se han diluido en la narrativa oficial.
Afortunado aquel político que porta la marca de Morena: la justicia selectiva lo protege. Ruffo, en cambio, se convierte en el blanco ideal para golpear a la oposición, moldeada a modo para ser derrotada de un manotazo.
¿Le interesa a México un verdadero cambio? O, más bien, ¿se someterá a las decisiones de un gobierno que gobierna con resentimiento, mentira y falsa humildad?
Los nombres de Godoy y Bejarano recuerdan que las ligas de corrupción siguen presentes. La memoria corta permite que quienes hoy dirigen el país se presenten como defensores de la militancia, borrando su pasado y abusando del poder.
Hoy México atraviesa una etapa peor que la de López Portillo: sin división de poderes, con un Ejecutivo que concentra todo.
La detención de Ruffo es menos un acto de justicia que una estrategia política. Es la caja china del gobierno morenista, que busca liberar del escándalo a los suyos y exhibir a un opositor como trofeo.
En 1997, el periodista Benjamín Flores González, fundador del diario La Prensa en San Luis Río Colorado, fue asesinado por denunciar a políticos y narcotraficantes. Ernesto Ruffo, entonces gobernador, no calló: denunció públicamente el crimen y exigió justicia, enfrentando a un sistema que prefería ocultar la verdad. Ese gesto lo convirtió en un blanco del crimen organizado, que desde entonces “le tenía una cuenta pendiente”. No se diga lo del artero crimen del “Gato Félix” en 1988 entonces director del semanario Zeta de Tijuana.
Recordar estos episodioses vital. Muchos jóvenes lo ignoran, pero muestra cómo la defensa de la libertad de expresión tuvo un costo altísimo. Hoy, la detención de Ruffo puede leerse también como parte de esa larga historia de cuentas pendientes entre el poder, el crimen y quienes se atreven a desafiarlo.
Los asesinato de Benjamín Flores y del Gato Félix no fue un hecho aislado. Desde entonces, México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Organismos como Reporteros Sin Fronteras y Artículo 19 han documentado cientos de asesinatos y desapariciones de periodistas en las últimas décadas, la mayoría vinculados a denuncias contra corrupción y crimen organizado.
Hoy, la violencia contra la prensa se combina con un control férreo de la narrativa oficial: las mañaneras se han convertido en un espacio donde se descalifica, se minimiza y se resta voz a quienes cuestionan al poder. La represión ya no se limita al silencio impuesto por las balas, sino también a la manipulación mediática que busca borrar la crítica.
La cuenta pendiente que hoy se cobra en la caja china del poder.”
Ernesto Ruffo no es solo un detenido: es el símbolo de cómo la justicia se usa como arma política en un país donde el poder se protege a sí mismo. Su historia, marcada por la denuncia del asesinato de un periodista y por la confrontación con el crimen organizado, se enlaza con el presente para recordarnos que las prácticas de represión y manipulación no han desaparecido, sino que se han perfeccionado.
Recordar a Flores y al gato Félix y a los periodistas silenciados es recordar que la verdad incomoda, y que la memoria no debe borrarse con discursos oficiales. México necesita justicia real, no cajas chinas.
Verónica Ruffo, su hija, exige un juicio justo, está voz nace desde la razón y no teme que sea silenciada, mi solidaridad con Verónica quien ha salido a dar la cara por el hombre a quien ella conoce perfectamente y en quien confía.
El Neto RUFFO es un preso político de Claudia Sheinbaun por intereses muy personales y de grupo de supervivencia. Decían ser democráticos y lo que quieren hacer es secuestrar a los mexicanos para sus intereses intestinos. Todos los morenos sin excepción que han opinado por indicaciones contra RUFFO lo hacen para cuidar el pellejo. Al final, el destino pondrá en su lugar a la Sheinbaun.
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