Jorge Ledesma
- El Pacto por México parece destinado a perpetuar la impunidad gubernamental multipartidista y el statu quo que lapida a las mayorías.
- Estela Ponce forma un PRI con “directivos” que aportan puro descrédito.
- Al “mejor” gobernador del país no le importa el saqueo de Bahía Magdalena al igual que castigar las invasiones perpetradas por los Cota Montaño
El 2 de diciembre del 2012, un día después de la asunción presidencial de Enrique Peña, se firmó el llamado Pacto por México, suscrito por dirigentes de él PAN, el PRD y el PRI, con el fin de sacar a nivel legislativo las trajinadas reformas estructurales que llevarían al país, según los voceros entreguistas neoliberales, a incrementar significativamente los niveles de bienestar de la población merced a un crecimiento esperado del 6 al 7 % anual en la economía nacional. En realidad, para el que esto escribe, el concepto-necesidad de reformas estructurales se manejó hasta el cansancio por las (des) administraciones presidenciales panistas, en cierta parte -finalmente también las reformas son resultado de las instrucciones de los corporativos trasnacionales liderados por USA- para justificar su tremenda ineptitud en la función gobierno que acabó con el grueso de las instituciones, así como tapar y distraer en lo posible con la perorata esgrimida, la creciente y despiadada corrupción de los regímenes Fox-Calderón donde la inseguridad pública por la pudrición política-policiaca, imperante, se elevó en algunas regiones del país a niveles de holocausto.
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