Víctor Octavio García
¡Qué tiempos aquellos!
* De buen trote a “guilo”
Corría el año de 1950 y Santiago Collins rondaba los 6 años de edad, recién ingresado a primer año de primaria en Boca de la Sierra; desde chico dio muestras de “gueno” para andar, de complexión delgada, ágil y “cuerudo”, lo hacían un niño versátil. Comenta que desde que tuvo uso de razón le gustaba comer “cacachilas” (fruta), y jamás le había pasado nada pese a las constantes advertencias de que quedaría “guilo”; a un lado donde se encontraba la antigua escuela primaria hecha de ladrillo y techo de palma de un solo salón, en Boca de la Sierra, justo a orilla del canal que irriga las huertas con el agua proveniente de la represa construida en los años 30’s por el General Juan Domínguez Cota, mejor conocido como el “macho pinto”, había –aún existen– enormes matorrales de “cacachilas” donde se daba las “tres” comiendo junto con otros niños que a falta de golosinas –a diferencia de hoy– buscaban frutas silvestres para saciar su gusto por los dulces que en ese entonces eran escasos y difíciles de conseguir.












